Docencia de macroeconomía con ayuda de las redes sociales

Las redes sociales permiten poner en contacto a personas con intereses comunes, lo que les confiere un gran potencial como herramienta educativa. Las redes sociales tienen la capacidad de fomentar el contacto, el diálogo y la comunicación directa entre alumnos y profesores. El uso intensivo y extensivo que los jóvenes hacen de las redes sociales facilita su introducción como vehículo de transmisión de información en el proceso de aprendizaje.

Los estudiantes muestran poco interés por la realidad económica que los envuelve. La crisis económica no ha conseguido motivarlos para hacer un seguimiento de la información que publican los periódicos. La redifusión de noticias a través del foro o el tablón del web de la asignatura en la intranet de la universidad ha tenido poco éxito. La dificultad de acceso a la intranet y la extensión de las noticias no favorecen la implicación de los alumnos. Así, proponemos aprovechar el éxito de las redes sociales, en concreto de Twitter, para conseguir el objetivo de que los estudiantes estén informados.

Los mensajes, con información de actualidad económica, son enviados de forma inmediata a los alumnos (followers), que habrán elegido la opción de recibirlos. El formato corto de los mensajes (máximo 140 caracteres) y la facilidad e inmediatez de su recepción debería dar lugar a que los estudiantes tengan un mayor conocimiento de la realidad y la conecten con los conocimientos teóricos que se desarrollan en clase de manera más eficaz, ágil y directa.

Además, proponemos utilizar Twitter para aplicar de forma más fluida y rápida la técnica del one minute paper. El profesor puede enviar un mensaje pidiendo a los alumnos qué aspectos destacan de los contenidos analizados en clase o qué elementos no han entendido. La posibilidad de hacer preguntas tipo test nos ayuda a valorar inmediatamente el resultado de una clase presencial. También, permite realizar preguntas abiertas y fomentar el debate. Twitter, al margen de su difusión social, tiene la ventaja de restringir la información a pequeñas píldoras de un máximo de 140 caracteres, lo cual facilita la transmisión y recepción de información con dispositivos móviles, hecho que incrementa exponencialmente la interacción entre los usuarios. El formato corto del mensaje facilita su comprensión y exige al alumno capacidad de síntesis al redactar su respuesta.

Los principales problemas que hemos hallado son, en primer lugar, la reducida frecuencia de consulta que los alumnos hacen de sus mensajes de Twitter y la dispersión de la información por el elevado número de cuentas que siguen y que no organizan por listas. Además, los alumnos muestran un reducido interés por los mensajes que les llegan y no suelen abrir los enlaces que desarrollan la información remitida.

Por último, se plantea la posibilidad de que los alumnos compartan fotografías de la pizarra y de esta forma dediquen menos tiempo a copiar explicaciones y gráficos y puedan prestar mayor atención a la comprensión de la clase. La alta calidad de las cámaras incorporadas en los dispositivos móviles permite relajar la obsesión por copiarlo todo. El objetivo es que los alumnos cooperen y compartan las fotografías a través de Instagram.

En este punto los problemas son la dificultad para romper con el hábito de creer que las clases presenciales son para copiar todo lo que escribe el profesor y la resistencia a cooperar y compartir las fotografías.

La iniciativa para solventar los problemas descritos pasan por integrar plenamente ambas herramientas en la asignatura y la forma más transparente para dar visibilidad a su importancia es que se integren en la evaluación. El alumno, al menos de momento, se resiste a ver estas herramientas como un medio hacia un aprendizaje más efectivo, por lo que su aceptación inmediata pasa por convertirlas en un fin a través de la evaluación.

 

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